Segundo Origen


¿El mayor desastre jamás perpetrado por el cine español?


En el fondo, esto es motivo de celebración. Os lo digo completamente en serio. Después de esto, si hay una cosa que tenemos que tener clara, es que al menos durante un par de décadas no volveremos a tocar fondo. Es imposible. El listón ya no puede estar más bajo. Podemos respirar hondo y seguir acudiendo al cine en masa, sabemos que por muy jodida que vaya a ser una película, no va a ser peor que la que hoy nos ocupa.

Me aventuraría a decir que pocas veces vamos a tener la oportunidad de presenciar desastres cinematográficos de la magnitud de Segon Origen. Y soy muy positivo al respecto, porque estoy firmemente convencido de que a veces es necesario que cintas así nos pongan en nuestro lugar. Estamos muy mal acostumbrados.

Nosotros, los espectadores, juzgamos continuamente, desde nuestra cómoda torre de marfil, largometrajes que en realidad no son tan horribles como nos empeñamos en hacer creer. He leído a gente echar mierda sobre películas que no se merecen ni la mitad del odio que se les ha profesado. Y me parece muy injusto. Afirmaciones como «¿Star Wars: El Despertar de la Fuerza? ¡Basura infecta!» o «¿Iron Man 3? ¡La peor película de la historia!» me parecen de lo más injustas y desproporcionadas, y más a día de hoy cuando el cine comercial puede pecar, quizá, de prefabricado y en ocasiones carente de alma, pero rara vez nos aburrimos con una de estas películas. 

Tenemos mucha suerte últimamente y no nos estamos dando cuenta. Nos quejamos de vicio sin pararnos a pensar en todo lo bueno que hay a nuestro alcance. «¡¿Cómo?! ¿Que la última de Pixar no es tan buena como la penúltima de Pixar que se estrenó hace sólo unos meses? ¡Esto no puede ser! ¡Menudo ultraje!». Que sí, que muy de vez en cuando nos encontramos algún tordo como The Ridiculous Six, pero es que incluso a un bodrio de ese calibre tiene pequeños momentos salvables.

Veo mucha negatividad en la gente, y me parece muy feo. A día de hoy, incluso la peor película de estudio que se estrene, es disfrutable. Si no legítimamente, al menos sí desde el punto de vista adecuado. Sin ir más lejos, siempre he considerado toda la saga de Crepúsculo como una de las mejores series de comedias involuntarias jamás creadas. Porque, si hay algo que yo adore en esta vida, es el cine. Yo el cine no lo disfruto, yo el cine lo vivo, lo respiro. Lo gozo casi tanto con el blockbuster más palomitero de Michael Bay como con la gafapastada más inaccesible de David Lynch. Y aunque una película no me guste, siempre intento buscar su lado positivo y quedarme con un buen sabor de boca. 

Porque, señores, para que yo lo pase mal con una película no me vale con que sea simplemente mala. No. Tiene que darse una combinación de factores muy concreta. De entrada, tengo que haber pagado por ella, que eso siempre me pone un poquito más de mala hostia. También tiene que darme la sensación de que el punto de partida daba para una película mucho mejor. Tengo que imaginar en mi cabeza una versión ideal de esa misma idea y lamentarme de que el resultado final haya sido tan terrible. 

Pero eso no es suficiente. No vale sólo con que esté mal escrita, mal actuada o mal dirigida, no, tiene que causarme auténtico sopor, tiene que ofenderme como espectador, tiene que obligarme a sentir algo tan grave e inconcebible como que realmente podría haber estado haciendo algo mejor que sentarme a ver una película. Y eso no es fácil. Está al alcance de muy pocos. Que una película funcione tan mal en todos los aspectos es un logro en sí mismo.

Y esa es Segundo Origen.



Casi todo bicho viviente nacido en Catalunya habrá tenido que leerse en algún momento Mecanoscrit del Segon Origen, la magnífica novela post-apocalíptica de Manuel de Pedrolo. Y casi seguro que más de uno ha fantaseado en algún momento con la adaptación cinematográfica definitiva de ésta. Aunque, en realidad, TV3 ya produjo hace unos años una miniserie basada en ella, pero dejaba bastante que desear y el tufillo que desprendía de telefilm de domingo tarde no le hacía ningún bien. 

Bigas Luna, director del que nunca fui demasiado santo de su devoción pero al que puedo reconocerle ciertos méritos, llevaba varios años con el gusanillo de rodar la versión cinematográfica de esta novela, y por desgracia se quedó a las puertas. El proyecto comenzó su preproducción en 2009, pero se vio terriblemente afectado por el fallecimiento de Bigas Luna en 2013. Después de un corto periodo de incertidumbre fue finalmente su productor, Carles Porta, quien decidió tomar las riendas y terminar el último gran proyecto de Luna haciéndole a su vez un sentido homenaje.

Se podría haber quedado en su puta casa.

Llegados a este punto, os habréis dado cuenta de que todavía no he comentado nada abiertamente sobre la película en sí. Y el caso es que ni siquiera sé muy bien cómo debería enfocar esta crítica. Tengo claro que no puedo limitarme a escribir una reseña convencional porque ésta no es una película corriente. Esto es anti-cine en su máximo esplendor.

Sentarse a ver Segundo Origen es una experiencia incómoda. Es una película tan profundamente artificial, tan aburrida, tan dirigida a absolutamente nadie en particular que no sólo no me sorprende ni me apena su espectacular fracaso en taquilla, sino que hasta cierto punto me alegro un poco.

No tengo ni la más remota idea de cómo debió de ser la producción de esta película, de verdad que no. Ni siquiera me apetecía particularmente investigar al respecto. Me da igual, porque al fin y al cabo el resultado final es el que habla por sí mismo. Y las sensaciones que deja es que un producto tan absurdamente impersonal ha tenido que ser fruto de una financiación accidentada. No sé para qué querían 7,3 millones de euros de presupuesto, porque después de todo cualquiera diría que se los han gastado en cocaína, ya que en pantalla quedan totalmente deslucidos. No sé para qué los querrían, pero me da la sensación de que tuvieron que vender más de un alma para conseguirlos.

«¿Que queréis CUÁNTO dinero? Vale, no, sí, me parece bien. Pero la película me la rodáis en inglés, que así la podemos colar en el mercado internacional. ¿Cómo? ¿Que es una novela ambientada en una Catalunya post-apocalíptica y cuyos dos protagonistas se llaman ALBA y DÍDAC? Bueno, oiga, y a mí qué me cuenta. Lo de Alba suena un poco guiri, ¿no? Pues haced que sea la profesora de inglés del otro, y santas pascuas. ¡Ah! Antes de que se me olvide, ya que estáis, para la pareja protagonista buscádmelos ante todo que estén buenorros, lo de actuar ya es lo de menos porque los doblaremos por encima, que lo que hay que hacer es vender carnaza y ya está. Ahora, tampoco nos pasemos con lo de la carnaza, que por mucho homenaje a Bigas Luna que haya, aquí no puede verse ni una sola teta, que si no, nos quitan la calificación para todos los públicos y es más jodida de vender. ¿Sabes qué? Para la chica protagonista búscame a una actriz internacional que sea medio conocida, pero no demasiado. Que de entrada llame la atención porque te suene de algo, pero no lo suficiente como para sepas de dónde. Y ya que estáis, en alguna escena que visiten el campo del Barça, que igual nos pagan algo por el tema del product placement. ¿Que no sabéis cómo situarlo en la trama porque técnicamente Barcelona está en ruinas por culpa de una invasión extraterrestre? Joder, haced que se pongan a follar en sus ruinas o algo, ¡a mí qué me contáis! Yo no soy el guionista de esta mierda. MIRA, MACHO, ¿QUIERES QUE FIRME EL CHEQUE O NO?».

Quizá me equivoque por completo. Quizá no. Desconozco si Segundo Origen es el resultado de un cúmulo de compromisos absurdos en pos de conseguir una superproducción o no. Pero lo que está claro es que después de verla esa es la única impresión que da. Y ni siquiera han hecho un mínimo esfuerzo para maquillarlo. Ya es mala señal que la película esté doblada incluso en versión original, dando a entender lo mucho que les ha sudado la polla crear cierta coherencia interna dentro de la propia ficción.



Podría seguir quejándome de más cosas, pero ya no sé si tendría sentido. Acabaría mucho antes puntualizando todas las cosas que están bien, porque no las hay. Pero antes de rendirme del todo, sí que voy a destacar una de las cosas que más me ha tocado los cojones: el tercer acto.

Reconozco que me da un poco de apuro quejarme de esto, porque si hay algo que me da rabia es esa gente que cree que una adaptación cinematográfica de un libro, cómic, vídeojuego o lo que sea, tiene que ser sí o sí una translación literal del mismo. Estoy muy en contra de ese pensamiento, no sólo por obvio motivo de que lo que funciona bien en un medio no tiene por qué funcionar en otro, tampoco por el simple hecho de que para ver lo mismo otra vez ya tengo el original, sino porque a mí lo único que me importa al final es que una obra se sostenga por sí misma. Algunos cambios estarán justificados, otros no tanto. Algunos serán para bien, otros serán para mal. Pero si la película al final es buena, por mí como si se limpian el culo con la obra original. 

Ahora bien.

El tercer acto de Segundo Origen no sólo se lo han sacado de la chorra casi por completo, sino que consigue lo que parecía imposible: empeorar una película que ya de por sí estaba siendo un festival de la mierda. Alargado hasta la extenuación, cargándose por completo el tono de la cinta, destrozando cualquier atisbo que quedase de verosimilitud o naturalidad. La única parte positiva es que en esos últimos treinta minutos la película consigue ser, por lo menos, un poquito risible. Pero muy poquito y después de dos primeros actos de auténtico sopor, así que ni siquiera compensa.

Y jode. La verdad es que jode.

Porque una novela como Mecanoscrit del Segon Origen no necesitaba ser una superproducción de 7,3 millones de euros con un montón de efectos especiales mal hechos. Ciertamente, con un guión decente que fuera relativamente fiel a la novela, un par de buenos actores y un director que estuviera mínimamente por la labor, lo único que necesitaban para rodarla era cuatro duros y una playaNo sé cuánto se acerca esto a la versión que tenía Bigas Luna de la película, pero dudo mucho que pudiera ser peor que esto. Y aunque sólo sea por el pésimo homenaje metido con calzador que se le hace en plena cinta, yo en su lugar estaría revolviéndome en la tumba.

A veces necesitamos una hostia así. A veces nos merecemos que nos bajen el listón un poquito más. Pero tranquilos, que ya ha pasado. Nadie puede hacerlo tan mal. No hasta dentro de mucho, mucho tiempo.

 Y tentado he estado de ponerle la nota en negativo.

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