BoJack Horseman [T1]

 

Back in the 90's I was in a very famous TV show...

Españoles, Netflix por fin ha llegado a nuestro país. Lo cual es una muy buena noticia para todos los que llevábamos años esperándolo y una muy mala noticia para los ratas que ponían su ausencia como excusa para no pagar nunca un duro para ver las series de forma legal, ya que no había buenas alternativas para ello en España. 

También se acabaron, de paso, las excusas para seguir usando Wuaki TV. Que alguien queme sus instalaciones y acabe ya con esta farsa. Por favor. En serio. De verdad.

Netflix es un servicio cojonudo, con un catálogo cojonudo —sí, ya sé que no tenemos el catálogo americano, pero llevamos sólo un par de meses y no ha dejado de expandirse desde entonces y, lo más importante, con un contenido original cojonudo

Os juro por mi vida que no voy a comisión.

Y es precisamente de una de estas series originales de las que voy a hablar hoy. Todo el mundo tiene ya los huevos tostados de oír hablar de House of Cards, Orange Is The New Black, Narcos o las recientes joyitas de Marvel Studios. Pero a mí lo que me interesa, de momento, es el contenido más marginal. Así que me permito el lujo de descubriros esta pequeña maravilla animada: BoJack Horseman.



Shippeando erotismo entre especies desde 2014.

BoJack Horseman va sobre un caballo antropomórfico (un tremendo Will Arnett) que protagonizó una rancia sitcom en los noventa, pero que a día de hoy se ha convertido en un juguete roto de la industria que se pasa el día emborrachándose en su mansión y torturando psicológicamente a Todd (Aaron Paul haciendo de Jesse Pinkman otra vez, pero en versión animada), su compañero de piso. En un intento de volver a ser relevante, se compromete a escribir un libro de sus memorias con la ayuda de Diane (Alison Brie), una escritora apócrifa a la que dictará toda su vida y por la que no tardará en tener sentimientos que van más allá de lo estrictamente profesional.

Reconozco que cuando me enfrenté por primera vez a esta serie, lo único que esperaba era echarme unas risas durante veinte minutos, sin comerme demasiado la cabeza. Y durante los cinco primeros capítulos es, más o menos, lo que BoJack Horseman nos ofrece: una comedia ácida que alterna sutil ironía ingeniosa con chistes más de trazo grueso parodiando el star system hollywoodienserepresentado aquí básicamente como una especie de zoológico en el que humanos y animales de todo tipo conviven. 

Esto último crea un universo cuyas reglas no terminan de ser demasiado claras pero que dan pie a cientos de chistes y juegos de palabras (la atención al detalle es enorme, la serie se merece un segundo visionado sólo para intentar captar todos los chistes que ocurren en segundo plano) que funcionarán mejor o peor según la tolerancia hacia el humor absurdo del espectador.

En realidad al principio el tono no deja de ser muy parecido al de series como Padre de Familia cutaways incluidos— o American Dad (por las que no tengo nada en contra, ojo), pero de vez en cuando aflora cierta pochedumbre que obliga a replantearse si lo que nos están contando tiene tanta gracia como parece.

Y llegados a cierto punto, te das cuenta de que no.

Porque los siguientes seis episodios de los doce que conforman la primera temporada carecen de piedad alguna sobre el espectador. El humor sigue presente, y sin reducir un ápice su mala hostia y sentido del absurdo —de ahí la irrupción de personajazos robaescenas como Vicent Adultman, que elevan la comicidad hasta límites insospechados, pero pasa a un segundo plano en pos de un estudio sorprendentemente serio y sin concesiones sobre cómo funciona la depresión.

La depresión es un tema espinoso en el que rara vez he visto adentrarse a una película o serie de televisión, por no decir que prácticamente ninguna. Y me parece algo perfectamente normal. Porque es difícil. No es cinematográfico. No es entretenidoRetratar a una persona con depresión puede ser frustrante y reiterativo, por eso en la ficción suele representarse mediante la elipsis. Rara vez vemos a un personaje cuando está jodido de verdad, sino que nos saltamos ese momento y pasamos directamente a cuando empieza a recuperarse

Por eso, centrarse en un personaje que está a años luz de la recuperación (y, de paso, de la redención) es un reto muy complicado, y más en una comedia animada protagonizada por animales, pero BoJack Horseman consigue salir airosa y sin despeinarse apenas. Y lo consigue porque tiene la virtud de saber alternar perfectamente la seriedad con la distancia irónica cuando la situación lo requiere.

Aquí tengo que reconocer una cosa: si de un tiempo a esta parte alguien me llega a decir que terminaría llorando a lágrima viva con una serie protagonizada por Will Arnett (una de las personas más divertidas del mundo) me costaría creérmelo. Pero es que ya, si encima ese alguien me dice que en dicha serie a quien está interpretando Arnett es a un caballo de dibujos animados, lo más posible es que le mandara a tomar por culo directamente

Y no me quedaría más remedio que tragarme mis palabras ante escenas tan devastadoras y sinceras como la que cierra el onceavo episodio de esta primera tanda de capítulos. Es imposible no derramar alguna que otra lágrima. Es imposible no quedarse con un mal cuerpo increíble. Siempre y cuando tengáis alma, claro.



Sí, mucho jijí jajá, pero os juro que es el episodio más pocho que veréis en mucho tiempo...

Pero tampoco os vayáis a pensar que es esto una dramedia chunga de Antena 3, donde en un capítulo de Los Hombres de Paco podíamos reír con una disparatada e hilarante trama en la que sus protagonistas creen estar destapando una conspiración extraterrestre y luego unos cuantos capítulos más tarde medio reparto sea asesinado violentamente por la mafia calabresa en una boda, momento musical de Juan Gabriel mediante (nunca me cansaré de recordar que eso ocurrió). 

Aquí nunca da la sensación de que los guionistas vayan dando bandazos entre comedia absurda y drama apocalíptico sin saber muy bien cómo conjugar ambos tonos sin que resulte forzado. Y no da esa sensación porque sus guionistas no tratan la comedia y el drama como géneros diferentes. Todo tiene el mismo peso, y por lo tanto todo fluye orgánicamente. Las carcajadas surgen de un modo tan natural como las hostias emocionales. A veces, incluso, en una misma escena. 

Ejemplo práctico es el uso de sus créditos finales. Muchos capítulos terminan con un corte abrupto a créditos empleado como recurso cómico, pero en otras ocasiones el mismo corte consigue dejarte helado y con un nudo en el estómago. Y son los mismos créditos. Y usan (normalmente) la misma canción. Pero consiguen provocar sensaciones radicalmente opuestas según la escena que la preceda.

Lo que nos impide hablar de un producto totalmente redondo es, precisamente, su irregular arranque en el que el tono no termina de quedar demasiado claro. Es una serie que va de menos a más, y ese menos desde el que empieza puede echar para atrás a más de uno, ya que al principio parece un tipo de serie muy distinta a la que realmente es. También puede producirse el efecto contrario, y que alguien conecte mucho más con el humor de los primeros episodios y poco a poco se vaya desencantando con los derroteros más oscuros y dramáticos que toma la ficción.

De todas maneras, cualquier tipo de desengaño queda resuelto rápidamente. Ya que, entre lo cortos (apenas 25-30 minutos), entretenidos y dinámicos que son sus episodios, la espléndida idea de ofrecer las temporadas completas directamente desde el primer día y la reproducción automática de Netflix, BoJack Horseman se devora del tirón. No sólo nadie se va a morir por echarle un ojo, sino que con un poquito de paciencia se encontrará ante una de las mejores y más interesantes series de animación que hay en emisión ahora mismo. Y decir eso existiendo titanes como South Park, Rick and Morty, ArcherGravity Falls, os garantizo que no es moco de pavo.



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