Combustión


¿Qué podría salir mal?

Cuando vi por primera vez el tráiler de Combustión en el cine, sin tener constancia alguna de la existencia de la misma hasta ese preciso momento, goterones de sudor frío recorrieron mi frente. Goterones provocados por la extraña certeza de que, tarde o temprano, terminaría viéndola. 

Aquello que parecía un repulsivo exploitation de producciones ya de por sí bastante jodidas como 3 Metros Sobre el Cielo maquillado con cierto regustillo a Fast & Furious no podría resultar, de primeras, menos apetecible para mí. El mero hecho de contemplar la posibilidad de tener que visionarla alguna vez me atormentaba todos y cada uno de los días de mi vida.

Y, cómo no, me terminaron invitando al pase de prensa.

No era un pase de prensa al uso, eso sí. Normalmente, los pases de prensa suelen ser por la mañana en algún cine marginal y sólo acuden periodistas, críticos de verdad o frikis como yo que por algún motivo consiguen acreditarse para estas mierdas. Pero en este caso el pase fue en un Cinesa y a las seis de la tarde. De entrada, mal presagio. Pero mis temores se confirmaron cuando, al llegar, me preguntaron si estaba acreditado o si venía por lo de Tuenti. No tardé en descubrir que el pase era tanto para prensa como para los ganadores de un concurso que tuvo lugar en aquella red social.

Resumen: La sala estaba llena de canis y periodistas. Mala mezcla, sí, pero la parte positiva es que fue el único pase de prensa donde pude comprar palomitas. Menos da una piedra.

«Nos lo vamos a pasar dabuti todos juntos, tron, tú ya verás...»

Voy a ser lo más honesto posible. A los cinco primeros minutos estaba deseando salir corriendo de aquella sala, viéndome abrumado ante la incesante oleada de caspa y cutrez a la que me sometieron. 

A los diez minutos pasé por una etapa de resignación en la que me fui acostumbrando poco a poco al nivel de lo que estaba viendo, y comenzando a tolerarlo sorprendentemente bien. 


Llegados al primer cuarto de hora, una extraña diversión masoquista comenzó a apoderarse de mi ser. 


Y para cuando ya habían pasado veinte minutos de metraje, debo confesar que aquello se convirtió en un tour de force en el que no podía parar de reír y de gozar como un auténtico gorrinazo, disfrutando, recreándome y rebozándome entre la mugre que desprendía cada fotograma de aquella película y sin importarme todo el product placement que se empeñaban en vomitarme a la cara.

Combustión es mala, no nos engañemos. Terriblemente mala. Pero es imposible no pasárselo bien con ella.

Tal y como me temía, no deja de ser un mero intento de rascar algo del éxito cosechado por películas como 3 Metros Sobre el Cielo o Tengo Ganas de Ti. Comparten productora y pretensiones. Y el esquema, aunque con algunos cambios, no deja de ser el mismo: mojabragas por excelencia como protagonista, historia de amor pastelosa, inverosímil y que bordea constantemente la vergüenza ajena, algún toquecillo de acción repartido con cuentagotas durante toda la peli para que los canis alfa no se aburran demasiado entre tanto amorío...

Pero lo más divertido, lo que menos me esperaba, lo que se me escapó por completo cuando vi aquellos tráilers es que —como giro inesperado—, Combustión no sólo juega a ser la versión descafeinada y sin carisma de Fast & Furious. También quiere ser la de Drive.

Esto va completamente en serio. No es un comentario anecdótico. Hay momentos en los que esta película, muy conscientemente, imita planos y situaciones muy concretas de la cinta de Nicolas Winding Refn. ¡Joder, si hasta el título tiene un aire! Tengo la teoría de que el título original de la peli iba a ser Conducción, pero que se rajaron en el último momento para que no se notara tanto.

Como os podréis imaginar, que una película meta en una coctelera un trueno, un terremoto y un volcán a Fast & Furious, 3 Metros Sobre el Cielo y Drive ya de por sí resulta de una desfachatez tan deliciosamente sórdida que eleva el estatus de Combustión de película jodida a placer culpable.


Clasificarla en un género es harto complicado. Muy a grandes rasgos podríamos decir que se trata de un thriller de acción con atracos y carreras de coches con mucho sexo y un triángulo amoroso de por medio. O al menos así es como nos la intentan vender, pero creo que sería una definición un tanto engañosa.


No es un thriller, porque las cosas se ponían más chungas en cualquier episodio de Al Salir de Clase. No es de acción ni de carreras de coches porque hay cuatro tiros y dos carreras repartidas en dos horas de película. Y si nos metemos en la historia de amor, es tan absurda, moral y éticamente cuestionable que dudo muy seriamente que a cualquier persona le pueda parecer bonita.


Entonces, ¿qué es Combustión? Pues una basura, copón, ¿no os lo he dicho ya varias veces?



«¡Eso no me lo dices en la calle, mangurrián!»

Pero también es una basura inclasificable. Culpa de eso la tiene el guión firmado por Carlos Montero y Jaime Vaca. Lo sorprendente no es tanto el hecho de que haya hecho falta dos personas para escribirlo, sino que encima les hayan pagado por hacerlo. El mayor problema que tienen es que, cual serie española de Globomedia, no tienen claro en ningún momento cuál es el foco principal de atención. Gracias a ello, el ritmo sufre unos altibajos que serían la envidia de cualquier montaña rusa que se precie. A veces quiere ser un thriller, luego quiere ser un drama romántico y al final termina siendo un anuncio de Tuenti.

Porque, ¡oh, sí! Como ya os lo he dicho antes, el product placement en esta película roza lo obsceno. Diversas escenas nos obsequiarán con planos detalle de los móviles, tablets, ordenadores portátiles y demás productos de Sony que utilizan los personajes. También harán acto de presencia enormes carteles de Coca-Cola ávidos de protagonismo. Pero la mejor escena toda la cinta es cuando el villano investiga sobre la identidad del protagonista. En cualquier otra película hackearía bases de datos de la policía o mierdas por el estilo. Pero aquí no. Aquí hace una búsqueda en Google para ver si encuentra su Tuenti.

Veo potencial suficiente para convertirse en el film ideal para jugar a beber con los amigos: proponer beberse un chupito cada vez que alguna marca comercial entre en plano. Lo malo es que existe también un riesgo enorme de caer en coma etílico en menos de cuarenta minutos, así que en el fondo no lo recomendaría a no ser que tengáis unos hígados particularmente curtidos.

Pero vamos a quedarnos con lo positivo. La dirección de Daniel Calparsoro, siendo completamente justos, no está nada mal. No tiene pinta de haber manejado un presupuesto excesivamente generoso, pero ha sabido aprovecharlo como es debido y al final este exploitation no es tan chungo a nivel técnico como podría haberlo sido. Después de todo, este tío venía de dirigir Invasor, una película que si bien tampoco era nada del otro mundo sí que fue un producto superior a la media —a años luz del bodriazo que hoy nos ocupa, eso seguro—.


Lástima que en este caso el guión no ayudara, pero Calparsoro hizo todo lo posible por salvar el producto final, intentando dotarlo de cierto estilo y clase, pero las manos de la productora se notan más de lo necesario, y seguramente sus directrices no fueran mucho más allá de que imitase algunos planos de Drive y le dedicara unos cuantos a los pechos de Adriana Ugarte.

Y ya que lo menciono. ¿Qué sería de una mala película sin unas malas interpretaciones? Puestos a hacer las cosas mal, qué menos que llevarlo hasta las últimas consecuencias. Tirón de orejas, en este sentido, para Alberto Ammann, puesto que es el único que desentona con el resto del reparto al ofrecer una actuación medianamente aceptable. Adriana Ugarte también representa una pequeña decepción, su actuación es bastante mala pero a ratos sabe disimularlo.


Menos mal que la mayoría de los secundarios, casi todos recién sacados de las series de televisión más insufribles, saben perfectamente dónde se han metido y se comportan exactamente igual que en la pequeña pantalla. Me quito el sombrero ante María Castro, imposible discernir si está en una película o en otro capítulo de Sin Tetas No Hay Paraíso. Bien hecho.

Menudo sinvergüenza, ¡¿cómo se atreve a intentar hacerlo bien?!

Pero el plato fuerte, la estrella de la función, es Álex González. Desconocía por completo a este hombre en el momento que vi esta película, más allá de su corta —y risible— aparición en X-Men: Primera Generación, pero de un tiempo a esta parte se ha labrado cierta trayectoria precisamente en series de televisión como El Príncipe o Tierra de Lobos. Como no las he visto tampoco, no tengo ni idea de si este proyecto es una pequeña mancha en su currículum o si ésta es su tónica habitual. Lo que tengo claro es que aquí se limita a hacer de Mario Casas pero cambiando lo cani por lo pijotero. 

Álex González, a diferencia de Casas, sí que sabe vocalizar, pero no os tenéis que preocupar por eso. Lo tienen todo pensado. Para compensar el hecho de no necesitar intervención logopédica alguna, González se pasa toda la cinta intentando resultar lo más inexpresivo posible. No sé si es una decisión calculada y querían imitar la parquedad emocional de Ryan Gosling en Drive, pero os juro que toda su interpretación se limita a poner cara de estreñido. Veo en él un posible candidato para la nueva campaña publicitaria de Activia. No os exagero, Kristen Stewart parece Jim Carrey a su lado.

Pero, al igual que ocurre con Adriana Ugarte, importa poco o nada que sepan actuar porque aquí están para lo que están: lucir palmito y despelotarse como nadie. Y ahí sí que lo dan todo. Me quejaba de la ausencia de sexo en condiciones en Segundo Origen, pero aquí tenemos absolutamente todo lo contrario: nauseabundos y abundantes planos de los pectorales de Álex González lo corroboran.


Aunque tengo una pequeña duda, un detalle que puede parecer muy absurdo pero que me sacaba constantemente de la película. En algunos primeros planos de la cara de Álex González, me da la impresión de que se pasaron medio rodaje intentando ocultar —toneladas de maquillaje mediante— un herpes labial. Si alguna vez la veis, agradecería que me lo confirmarais o desmintierais en los comentarios, porque quizá sean sólo impresiones mías.

Como dato curioso, en fases iniciales de la producción, esta película se pensó para estar protagonizada por Hugo Silva, Mario Casas y Miguel Ángel Silvestre, pero los tres rechazaron los papeles que les ofrecieron en su momento. Ahora pensadlo bien, por favor, hagamos ese ejercicio mental. Cuando estos tres titanes te dicen que no, cuando hasta Mario Casas al leer el guión se caga por la pata abajo y se niega a protagonizarlo porque incluso a él le parece algo chungo para sus propios estándares, es cuando sabes que lo tienes jodido de cojones.

Lo mejor de la película es esta canción. Y no lo digo como piropo.

Pero lo raro es que no se hubiesen negado. ¿Por qué? Porque hacer esta película es meterse en un berenjenal muy turbio. Normalmente mis críticas son sin spoilers, pero haré una minúscula excepción aquí, centrándome en la psique del protagonista y de por qué es imposible tomarse en serio la supuesta historia romántica que nos venden por su culpa. 

Después de ver Combustión se pueden llegar a dos conclusiones lógicas con respecto a él.


1. Es un hijo de la grandísima puta.

2. Es un idiota sin horchata en las venas.


Me basta con decir que la trama de la cinta empieza cuando, pocos días antes de su boda, nuestro héroe le pone los cuernos a su prometida —una pelirroja despampanante que además está forrada de pasta— con una rubia cañón sólo porque ésta le ofrece una calada a un porro en un garaje. Y eso es sólo el principio, amigos. A partir de ahí, nuestra preciosa historia de amor sólo va cuesta arriba. No os destripo nada más, quiero que lo gocéis vosotros mismos. No tiene ningún tipo de desperdicio, os lo garantizo.

Lo interesante del tema es que, aunque lo lógico sería que un personaje tan impresentable despertara antipatías entre el público femenino, al final nada más lejos de la realidad. Al salir del pase, mi vena cotilla no pudo evitar poner la oreja e intentar escuchar algún comentario de los grupos de jovenzuelos que fueron a verla. La mayoría de las chicas salieron del cine completamente entusiasmadas, gritando maravillas sobre él al estilo de, y cito textualmente: «El chico era increíble»

Así es nuestra juventud, así son los productos que les ofrecemos: cutres, inmorales, ñoños, predecibles, aburridos y con muy mal gusto sexual.

Vamos a ser optimistas. Combustión se pegó una hostia en taquilla de órdago y ha quedado relegada a alguna que otra reposición en los canales de Atresmedia. Sí, esas reposiciones han tenido audiencia. Sí, la cinta está gozando ahora de una pequeña popularidad que nunca tuvo cuando se estrenó. Pero sabemos perfectamente que, viendo cómo está el percal, podría haber sido mucho peor. 

¿O no?


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