Scream 3


Bienvenida al último acto...


Después de una magnífica primera parte y de una dignísima secuela, toca poner punto y final a la trilogía con una entrega... Bueno. Jodida. Por así decirlo.


Y es que aquí nos enfrentamos con un problema básico, de raíz: Kevin Williamson no pudo escribir Scream 3. Por lo tanto, y a partir de unas cuantas notas que Williamson escribió con ideas para la película, del guión terminó encargándose un tal Ehren Kruger, genio visionario responsable de obras maestras del séptimo arte como Transformers: La Venganza de los Caídos o Transformers: La Era de la Extinción.


Os hacéis a la idea, ¿no?


Para más inri, durante la producción de la cinta tuvo lugar la masacre del instituto Columbine, lo que desafortunadamente hizo que la productora echase el freno más de la cuenta y estuvieran a punto de cancelar la película. Después de todo, no estaban los norteamericanos con muchas ganas de ver una peli sobre asesinatos en un instituto.


Finalmente el proyecto siguió adelante, pero presionaron fuertemente a Wes Craven para que redujera bajo mínimos el nivel de violencia y se centrase más en la comedia y además le prohibieron ambientar la película en un instituto tal y como estaba planeada.


Ahora sí que vais viendo por dónde irán los problemas, ¿no?


En Scream 3 nos encontramos a un Wes Craven forzosamente descafeinado que se ve totalmente incapaz de insuflarle vidilla a un guión con muy buenas ideas (sospecho, las sugeridas por Williamson) ejecutadas estrepitosamente y muy malas ideas (sospecho, las invenciones de Kruger) ejecutadas aún peor.




¿Escena más lamentable de la saga? Pues casi que sí.

Como puntos positivos, es perceptible el notable aumento de presupuesto, ya que todo luce mucho más espectacular (explosiones incluidas, que se note que Kruger es el guionista habitual de Michael Bay). Incluso el opening de la cinta aunque claramente sea el peor de las cuatro resulta emocionante y trepidante. Ayuda mucho, eso sí, el toque de gracia que aporta la banda sonora de Marco Beltrami, que aquí se luce especialmente.


También, pese a su ausencia, se nota la mano de Williamson en algunos detalles, como las acertadísimas reglas que propone sobre los finales de trilogía. Podéis hacer la comprobación con cualquier trilogía que se os ocurra, se cumplen todas a rajatabla. Lo que demuestra que, incluso en su peor iteración, Scream sigue funcionando como una sátira cojonuda y extremadamente citable


Lástima que se pierda en delirios fantasmales y culebronescos que, quienes la hayan visto, ya sabrán a lo que me refiero. Prefiero no destripárselo a nadie, es mejor que se os caigan los cojones al suelo como a todos los que la vieron en su momento. Dejémoslo en que se le da un peso excesivo a la investigación sobre el pasado de un personaje que a nadie le importa lo más mínimo y que por si fuera poco está aliñada con varios momentos bochornosos propios de alguna copia mala de El Exorcista que desentonan por completo con el espíritu de la saga.


Al final quienes salvan la película son los de siempre: Courteney Cox, David Arquette y Jamie Kennedy siguen en estado de gracia y se entregan por completo a un guión que no les hace ningún favor. Neve Campbell no hace acto de presencia casi hasta pasada la primera hora de metraje, lo cual, en cierto modo, no deja de ser una buena noticia al haber sido siempre el personaje menos interesante. Entre eso y unos cameos tan deliciosos como inesperados consiguen que sea el reparto de Scream 3 quien la salve de la quema.


Porque la verdad es que se queda muy pero que muy cerca de ser un completo despropósito, en muchísimas ocasiones. Y yo soy benevolente aquí, porque al fin y al cabo soy un fan acérrimo de la saga y le guardo a cada entrega un cariño especial, pero estoy seguro de que hay gente a la esto le parece un mojón de proporciones bíblicas. Y no podría culpar a nadie por pensarlo porque, en muchos aspectos, llevaría la razón.


Tramposa hasta decir basta con la revelación del asesino aunque, y esto hay que reconocerlo, tenga un potente valor simbólico y argumental y con un clímax final aún más dilatado y pasado de vueltas que el de la anterior. Media horita menos de metraje creo que le habría sentado de maravilla, porque el tercer acto puede hacerse realmente interminable. 


Aun con todos estos defectos, mentiría si dijese que, muy en el fondo, no me pareció una conclusión acertada para la trilogíaAlgo bueno tiene. No sé el qué. Pero algo hay. En algunos aspectos, de algún modo muy loco, me parece la entrega más madura de todas. Por desgracia, también me parece la más abiertamente gilipollas. Y así nos quedamos. No tiene punto medio.





Las caras del espectador medio durante Scream 3.

Lo bueno: Un opening potente, escenas espectaculares, giros de guión inteligentes, algunos gags cojonudos, cameos muy locos, un concepto brillante, metaficción por un tubo, final satisfactorio y un cierre de círculo emocional de la trilogía. Wes Craven lo da todo (lo que puede). El reparto lo da todo.

Lo malo: metraje excesivo, guión infantiloide plagado de chistes malos, algunas decisiones argumentales verdaderamente estúpidas, sensación de agotamiento en la franquicia, censura más que evidente y unas salidas de tono incomprensibles cuanto menos.


Concluyendo, Scream 3 podría haber sido un broche de oro para la trilogía, pero se queda en un pastiche de sentimientos encontrados. ¿Es la peor de la saga? Sí, y con mucha diferencia. ¿Es el despropósito infumable que afirman algunos? Pues en realidad tampoco. Al final, ni siquiera puede catalogarse como mala, porque sigue siendo un producto mucho más inteligente y divertido que la media. Pero, simplemente... No es tan buena.




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