Scream 4


Has olvidado la primera norma de los remakes: no jodas al original.


Once años tuvieron que pasar desde Scream 3 para que, por fin, nos dieran la secuela que todos estábamos esperando: la que nos merecíamos.

Estamos en una época diferente que aquella en la que se estrenó Scream. Los adolescentes ya no se tragan cualquier cosa. Son mucho más cínicos, resabidos y difícilmente vas a sorprenderlos con giros de guión de baratillo, menos aún cuando ya se han tragado las seis secuelas de Saw. Se las saben todas. Las viejas normas ya no funcionan, lo inesperado es el nuevo cliché. Las secuelas han dado paso a los remakes o reboots, los frikis ahora son los guays, los teléfonos fijos han dado paso a los móviles y las redes sociales. Nueva década, nuevas reglas


Y todo eso Scream 4 no sólo lo entiende a la perfección, sino que hace de ello su puto lema y lo explota en su propio beneficio.


Desde un opening en el que se sacan la chorra de principio a fin ya dejan bastante claras las intenciones del guionista: si intentas hacerte el listillo adivinando lo que va a pasar, te la vamos a meter por el culo y no te la vamos a sacar hasta que nos reviente la polla. Porque aquí ya no hay Ehren Kruger que valga. Aquí quien escribe el guión es Kevin Williamson otra vez, y vuelve con una mala hostia y una buena puntería que asusta. 


Diez minutos le bastan para darle un rapapolvo a todas las películas de terror estrenadas durante la última década, con una gracia y un sentido de la autocrítica que pocas veces se verá en el género (o, qué coño, en el cine en general). Cualquier cosa que pueda decirse del opening de Scream 4 sería destriparlo y perdería toda la gracia, así que lo único que voy a decir es que quizá no será tan recordado como el de la primera parte, pero desde luego se convirtió instantáneamente en mi favorito de los cuatro.




De verdad, la mejor escena de la película.

Lo que sigue a partir de ahí es la combinación, de nuevo, entre la afilada pluma de Williamson y la técnica cojonuda de un rejuvenecidísimo Wes Craven en la que sería su última película antes de fallecer. Marco Beltrami, por algún motivo que desconozco, no pudo (o no quiso) utilizar los mismos temas de las cintas anteriores, pero los nuevos tampoco están nada mal.

El reparto original sigue ahí, y con todo su carisma intacto, pero esta vez deciden pasarle el testigo a un nuevo grupo de adolescentes capitaneados por una Emma Roberts que emula con mucho encanto a nuestra ya conocida Neve Campbell. De hecho, prácticamente todos los nuevos personajes son versiones de los que ya vimos en la primera entrega (sí, incluyendo un pseudo-Randy que, contra todo pronóstico... ¡cae bien!). 


Pero ojo, entonces... ¿es esto una secuela o un remake encubierto? ¿Serán estos chavales los protagonistas de una nueva trilogía? Todas estas preguntas tienen respuesta en una película que no deja títere con cabeza y que derrocha una cantidad enorme de bilis sobre la nueva tendencia de modernizar viejos clásicos con versiones descafeinadas. Garantizo que el asunto no decepciona.




Sí, es Courteney Cox. De verdad. Que sí.

Sin las restricciones impuestas en la tercera entrega, Scream 4 es indudablemente la más violenta de la saga. Quizá no tanto a nivel de casquería, puesto que el gore siempre ha sido más bien escaso en Scream, pero sí que tenemos aquí al Ghostface con los cojones más bien puestos de las cuatro películas


Sigue siendo el mismo asesino torpe que se cae y se tropieza, pero su presencia resulta algo más amenazante aquí. Quizá ayude que el número de fiambres sea el más alto de toda la franquicia, y que sus conversaciones telefónicas sean bastante más burras de lo habitual. Que sí, que Ghostface nunca ha sido especialmente sutil ni simpaticote con sus víctimas, pero hasta ahora tampoco le había dado por amenazar con cortarte los párpados para que no puedas cerrar los ojos mientras te apuñala la cara.


Y hablando de puñaladas, el nivel autorreferencial y metaficcional de la saga sube unos cuantos peldaños más, dándole de nuevo un gran peso argumental a la ficticia saga Stab, ya convertida en todo un hito dentro de la propia película. Con esto se logran algunos chistes de lo más inspirados a costa del propio fenómeno que creó Scream en su día. Porque si hay algo bueno que tiene Scream 4 es que reparte hacia todas partes, especialmente a sí misma.


Sobre la identidad del asesino y sus motivaciones, tengo que reconocer que, de nuevo, son mis favoritas de toda la saga. Principalmente porque con la cantidad de pistas falsas que la película nos va dejando caer, resulta casi imposible adivinar quién es. Por primera vez, al menos, a mí me pillaron totalmente desprevenido, y eso a estas alturas siempre es de agradecer.


Además, el plan trazado por él es tan macabro y maquiavélico como divertida de ver su ejecución. Y los motivos que le llevan a convertirse en un asesino en serie resultan verdaderamente escalofriantes. El clímax final es, directamente, una puta locura. En serio. El nivel de tensión, giros, carcajadas violentas de pura incredulidad y sátira corrosiva toca techo aquí. Cuando crees que la cosa no puede degenerar más, lo hace. Y te encanta.


Si os sentisteis decepcionados con Scream 3, esta es la película que estabais esperando. Humor negro y sustos por doquier, metaficción, crítica social, sátira cinematográfica, festival de bilis y violencia, giros argumentales que (¡milagro!) no se ven venir y la sensación de que esta saga jamás tendría que haber estado alejada de Kevin Williamson. Scream 4 es un regalo para todos los fans y, por desgracia, la última oportunidad de ver a todo el equipo al completo. Afortunadamente, se entregaron en cuerpo y alma a la causa. No sólo es la mejor secuela de la saga, sino que no tiene casi nada que envidiarle a la original. Chapó.



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