Scream


¿Cuál es tu película de terror favorita?

Sería totalmente injusto que en este, mi recién estrenado blog, no le dedicase al menos unos cuantos artículos a la que fue la saga cinematográfica que despertó mi pasión por el séptimo arte desde mi más tierna infancia. 


Sí, estoy hablando de Scream. Era mi película favorita cuando era pequeño y, junto a Toy Story y Austin Powers, los tres VHS que más humo sacaron por mi culpa. Así he salido, después de todo. Un despojo social como yo no se forma así, sin más, de la noche a la mañana. Todo tiene su razón de ser y, carencias afectivas aparte, una de las mías es Scream. 


Aclarado este punto, comunico que voy a inaugurar una especie de sección nueva en este blog. No esperéis nada especialmente original, lo único que voy a hacer es reseñar todas y cada una de las películas de una saga —o, si le echo huevos, temporadas de una serie del tirón (a crítica por día hasta que termine con todo). En el caso de esta semana, como ya os habréis imaginado, toca Scream: las cuatro películas y su recién estrenada serie de televisión.


Que sí, que soy un pesao. Pero vosotros unos tiquismiquis. 


Si tampoco las vais a leer, hijos de puta. 


Ea, al lío.

Hace ya, a lo tonto, casi tres décadas, el señor Kevin Williamson (antes de atentar violentamente contra el buen gusto al crear Diaris de Vampirs) tenía escrito un guión (y el borrador de dos hipotéticas secuelas) de una parodia de todas las películas de terror chuscas de la época ochentera del Viernes 13 más rancio. Scary Movie era su título provisional (os lo juro por Snoopy), y cuando consiguió vendérselo a Miramax contactaron con directores de la talla de Robert Rodriguez y Sam Raimi para llevarla a cabo. 

No obstante, quien terminó llevándose el gato al agua fue el maestro Wes Craven, ya que fue el único que al leer el guión no lo interpretó como una comedia. Los hermanos Weinstein cambiaron el título provisional por el que hoy en día conocemos todos, Scream, inspirados por la canción de Michael Jackson (os lo vuelvo a jurar por Snoopy, por Charlie Brown y por su puta madre buscando piso en Alcobendas).

¿El resultado? Gustó tanto a los críticos como a los espectadores. Fue un bombazo en taquilla y revitalizó el género slasher (al que, irónicamente, trataba de ridiculizar) que ya llevaba muerto y enterrado unos cuantos años. Y es que pocas películas he visto yo que rebosen tanto cariño por el cine y que funcionen a tantos niveles como Scream.


Os digo yo que con esta escena se os pondrán los huevos como escarpias.

Por una parte, está claro, funciona como película de terror. Tiene uno de los openings más tensos que he visto en una película, una escena que se quedará grabada en la retina de más de uno. Pero también funciona como comedia y parodia de los clichés más sobados del terror ochentero. Y conseguir dar miedo siendo, a la vez, tan friki está al alcance de muy pocos, pero el tándem Williamson/Craven es imbatible en ese aspecto. 

El arte con la sátira del primero y el respeto y conocimiento hacia el género del segundo consiguen un equilibrio muy difícil de lograr. Puntualizar todos los errores que comete una película de terror para justo después caer exactamente en todos y cada uno de ellos y que aun así surjan efecto, tiene muchísimo mérito. El guión acierta planteando escenas de lo más divertidas e ingeniosas (todo el juego de la cámara con retraso y el juego de matrioskas que se forma en cierta escena que no desvelaré) y la dirección apuesta por darle un empaque y una seriedad enorme al conjunto. Eso y la magnífica banda sonora de Marco Beltrami hacen el resto.

Eso sí, estoy seguro de que esta película no sería nada sin su reparto. Quizá la Sidney Prescott de Neve Campbell no sea la scream queen definitiva, ni tenga el mismo carisma que pueda tener una Jamie Lee Curtis (Halloween) o una Heather Langenkamp (Pesadilla en Elm Street). Pero son los secundarios los suben, con creces, el listón

Personajazos como la reportera carroñera Gale Weathers (una Courteney Cox desatada), el adorable policía inepto Dewey (David Arquette), o el paradigma de lo friki, el grandioso Randy Meeks (Jamie Kennedy) y sus normas para sobrevivir a una película de terror. Es imposible no sonreír ante la presencia de estos tres.

Pero esto es un slasher, ¿no? Aquí hemos venido a ver muertes. Y haberlas, las hay. Pese a no ser una película excesivamente truculenta y ni siquiera acercarse a lo que sería una película gore al uso, tampoco se puede decir que escatime en violencia y hemoglobina cuando toca, más bien al contrario. El clímax final es una colección de excesos tan divertida y pasada de vueltas como sangrienta y visceral

Y no me atrevería a calificarlo como un punto flaco, pero la revelación del asesino, aunque en su día dejó picuetísimo a más de uno, es bastante posible que vista ahora resulte mucho más previsible. Pero al fin y al cabo no importa, porque Ghostface se convirtió por méritos propios en un icono del cine de terror a la altura de Freddy Krueger (curiosamente, también de la mano de Wes Craven) o Jason Voorhees y es eso lo que termina contando.

En resumen: Sustos, chistes, cameos, tensión, un asesino totalmente icónico, guiños por doquier, set-pieces de lo más ingeniosas, muertes sanguinolentas y todo esto salpicado de momentos ridículos más o menos intencionales. Vamos, una película que si eres amante (o detractor) del género no puedes perderte por nada del mundo. Funciona como un tiro y ha envejecido de puta madre. Puro amor noventero. Esto es así.



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