Deadpool


I've never gonna dance again, guilty feet have got no rhythm...


Antes que nada, teniendo en cuenta cierta polémica absurda que ha surgido a raíz del estreno de esta película y con la esperanza de que alguien me lea antes de cometer un error del que se pueda arrepentir: Deadpool no es una película para niños.

Pero son los niños quienes más la van a gozar, eso sí.

Aclarado este punto, vayamos al meollo de la cuestión. No creo que sean necesarias las presentaciones. Deadpool se estrenó hace sólo una semana pero ya la ha visto todo el mundo, ha batido récords en taquilla, su secuela está en proceso y la FOX luce una erección de caballo ante la nueva gallina de los huevos de oro que tiene entre manos. 

Como siempre en estos casos, la cinta ya se ha ganado una oleada de defensores y detractores. Los primeros dicen que ésta es la película más revolucionaria que se ha visto jamás en el cine de superhéroes, los segundos la machacan diciendo que no es más que lo mismo de siempre pero maquillado con unos cuantos chistes  estúpidos para niños rata. ¿Quiénes tienen razón?

Los segundos. Pero ahora os cuento.

Uno de los mayores aciertos de Deadpool es, sin duda, lo bien estructurada que está mediante unos flashbacks que nos ahorran lo que podría haber sido una aburrida historia de orígenes hasta que viéramos por fin a Ryan Reynolds embutido en el traje rojo. Gracias a ello, la película puede permitirse el lujo de empezar por todo lo alto mientras el espectador va dejándose llevar, juntando una por una las piezas del rompecabezas que forma la trama.

No es hasta el segundo acto donde la película pega un pequeño bajón al tomarse algo más en serio de normal, rompiendo un poco el tono establecido hasta el momento, pero bien es verdad que es un bache pasajero que no dura más de veinte minutos. Superado el dramatismo, la traca final de Deadpool vuelve a ser un festival de carcajadas, violencia y destrucción. Una auténtica gozada, vaya.




Como dije antes, mucha gente considera que esta película no sólo no ha conseguido romper los moldes del género, sino que además su historia es simple como el mecanismo de un botijo y que lo único que la diferencia un poco del resto son la extravagancia de su personaje principal y su marcado tono humorístico.

Pues, digo yo... Precisamente, ¿no?

Deadpool no es una película de superhéroes con toques de comedia, es una comedia con toques de película de superhéroes. De hecho, no creo que podamos considerar a su protagonista como un héroe al uso. Ya que estamos, ni siquiera me atrevería a catalogarlo como un antihéroe. Deadpool es un puto loco, un pedazo de borrico que va completamente a la suya y que no duda en cepillarse a todo el que se le ponga por delante a la hora de conseguir sus objetivos.

El eje principal sobre el que se sustenta todo el humor de la cinta consiste en situar a un personaje tan profundamente disruptivo a todos los niveles en una historia sobadísima hasta la náusea como es la de los orígenes superheróicos. Si nos ponemos exquisitos, la trama es exactamente la misma —salvando muy pocas distancias— que la de X-Men Orígenes: Lobezno (vade retro). Pero, como en toda buena parodia, la gracia está en ceñirse al modelo original lo máximo posible para luego sorprender con salidas de tono en el momento más oportuno.

Y aun con todo, el guión de Rhett Reese y Paul Wernick hace todo lo posible para sortear sus propios topicazos. A veces no es tanto el qué, sino el cómo. Y ahí es donde saben lucirse especialmente. Además, ¡qué coño! He visto películas que yendo en serio tenían tramas mucho más chungas que ésta. No quiero mirar a nadie, pero Cuatro Fantásticos.

He llegado incluso a leer afirmaciones tan absurdas como: «es que si le quitases los chistes, la película sería una mierda». Nos ha jodido. Pues claro que sería una mierda. Es que es una comedia. Prueba a quitarle los chistes a Aterriza como puedas, a ver qué pasa.




Y hablando del humor y de los chistes en sí, lo primero que hay que agradecer es que no se hayan cortado ni un pelo a la hora de adaptar como es debido la esencia original de la creación de Rob Liefeld: Necroporra Deadpool es un personaje singular, y por suerte no nos han ofrecido a una versión edulcorada o recortada del mismo.

Se respeta entonces su tendencia a romper la cuarta pared —hasta el punto de llegar a romper la cuarta pared mientras está rompiendo la cuarta pared, cual Miguel Noguera cruzado con Christopher Nolan—, lanzando dardos envenenados a Marvel, DC, Hugh Jackman e incluso a la propia FOX, hablándole directamente al espectador y haciéndole cómplice de sus múltiples fechorías. Los guiños a la cultura pop, las pullas a otras compañías y el enorme sentido de la autoparodia del que hace gala quedan patentes desde sus tremendos créditos iniciales hasta la ya obligada escena posterior a los finales.

Pero no sólo del friki vive Deadpool. También hay todo un recital de diálogos corrosivos y frases punzantes, una buena ración del slapstick más violentamente explícito con el que se pueda soñar y humor negro plagado de obscenidades para contentar a la platea adolescente. Bueno, y a mí también. ¿Para qué voy a intentar ir de digno a estas alturas?

Aquí hay que aplaudir, elogiar, felicitar y hacerle una mamada a siete lenguas a Ryan Reynolds. He perdido ya la cuenta de todos los intentos que llevaba, pero por fin ha conseguido interpretar a un personaje comiquero con éxito. Y eso que no es la primera vez que prueba con Deadpool, pero lo mejor será que dejemos de hacernos daño recordando aquello.

Su entrega, dedicación y pasión hacia el personaje se notan desde la misma concepción del proyecto, por el cual lleva luchando unos cuantos años para conseguir sacarlo adelante. Y al final, con sus huevos toreros, lo ha conseguido. Él, sus guionistas y el director Tim Miller han rodado exactamente la película que querían, aunque haya sido a costa de un presupuesto ridículo —vale, 58 millones no es que sean moco de pavo, pero bien parece calderilla teniendo en cuenta las cifras que se mueven en este género— y de situar su historia a una escala muy pequeña dentro del universo X-Men. Pero bueno, eso que se llevan. Además es canon. Me encantaría saber qué opina Bryan Singer de todo esto, porque puede ser la risa.

En cuanto a los actores, supongo que sobra decir lo enorme que está Ryan Reynolds en la piel de Wade Wilson. Sí que sería mucho más injusto no destacar el genial contrapunto que ofrece el personaje de Morena Baccarin —actualmente, interpretando a la pareja de James Gordon en la serie Gotham, provocando así cierto ataque de cuernos superheróico—, Vanessa. Lejos de ser el típico interés amoroso, una mujer florero o la indefensa damisela en apuros, se revela como un ser con entidad propia, casi tan jodido de la cabeza como su partenaire.

Es curioso que una de las cosas que más me han gustado de esta película sea lo bien llevada que está la historia de amor: Vanessa y Wade son dos personas horribles a las que nos encanta ver juntos, ya sea divagando sobre Wham! y Liam Neeson o follando como conejos. ¿Es posible que Deadpool se haya convertido en una de mis comedias románticas favoritas? No os lo voy a negar, San Valentín nunca volverá a ser lo mismo.



Muy fino está también T. J. Miller en el papel de alivio cómico Weasel, que nos ofrece alguna que otra frase y momento para el recuerdo. También divierten las apariciones de Coloso y Sinead O' Connor Negasonic Teenage Warhead (¿mejor nombre de la historia?), aunque se note que sólo estén ahí para cubrir el cupo de mutantes protagonizan algún que otro gag bastante apañado. El único que peca de ser un auténtico sosainas es el villano, Ajax, al que tampoco se preocupan de darle algún momento de lucimiento a nivel de guión. Ed Skrein tendría que haberse quedado en Juego de Tronos, el pobre debe de estar tirándose de los pelos. O eso espero.

Y cómo olvidar el cameo de Stan Lee. 

Ay, el cameo de Stan Lee.

Por último, dos cosas. La primera, reconocerle al director Tim Miller lo bien que ha sabido exprimir el ajustado presupuesto de la película, ya que aun sin estar a la altura de sus hermanas mayores en cuanto a espectacularidad, Deadpool se marca por lo menos tres set-pieces de destrucción total muy bien aprovechadas. La segunda, agradecerle a quien sea el responsable de la maravillosa selección de TEMAZOS musicales que se gasta el film en los momentos clave.

En definitiva, Deadpool es una inesperada a la par que totalmente bienvenida adición al cine de superhéroes en general y al universo X-Men en particular. Es una comedia negra, absurda, macarra, autoconsciente, divertida, violenta, romántica y espectacular a ratos. No puedo pedirle más y os estaría mintiendo si negase mis enormes ganas de volver a ver al mercenario bocazas en alguna otra película del estudio. Lo positivo es que, viendo cómo lo está petando en taquilla, no tardaré mucho en volvérmelo a encontrar por ahí. Ojalá consiga que me vuelva a partir el ojete tan a gusto como en esta ocasión.






PD: Y si lo que queréis es una película que verdaderamente pretenda —y consiga— revolucionar el género superheróico, rula por ahí una cosilla que se llama Watchmen. Igual no os suena, buscad por Bing.

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