Love [T1]


Love is in the air...


Maratonear esta serie en menos de 24 horas quizá no haya sido la mejor idea posible para preservar mi estabilidad emocional.

Pero reconozco que tenía mucha curiosidad por ver qué nos ofrecía la nueva producción de Judd Apatow —ese tío que un día te trae maravillas como Freaks and Geeks y al otro te viene con Girls— y de ahí que me haya pegado un atracón de lo más insano con los diez capítulos que componen su primera temporada.

Antes de entrar en matería, me gustaría hablar de las dos quejas más graciosas que he podido leer hasta la fecha sobre esta serie. La primera, que el título está muy mal escogido porque en realidad no hay ni rastro de amor en ninguno de los capítulos. Tienen razón por un lado, ya que efectivamente la serie no trata de eso; pero por el otro me encantaría verlos indignados después de ver Capote y darse cuenta de que no sale nadie toreando.

La otra queja principal consiste en lo poco creíble que resulta que haya chicas atractivas que quieran tener relaciones sexuales con chicos más bien feúchos. Me temo que hay gente bastante desconectada del mundo real y que por algún motivo ven las mismas series que yo. Me preocupa.






Y ahora sí, vamos a hablar de Love. 

Con esta serie me pasa una cosa bastante curiosa, y es que durante su visionado pasé por una gran cantidad de sentimientos encontrados. Me parece una muy buena serie y desde luego la he disfrutado hasta cierto punto —si no, no me la habría cepillado en tan poco tiempo—, pero también tengo que reconocer que es posible que la haya sufrido más que cualquier otra cosa.

Que no os engañe cualquier tipo de material promocional que podáis ver de ella, Love no es una comedia romántica. No podría estar más lejos de serlo. Y no lo es porque ni se nos cuenta una historia de amor —es más, llama mucho la atención el poco tiempo que los dos protagonistas comparten en pantalla ni su propósito principal es el de hacerte reír. 

Love es un drama. Un drama misántropo, desolador y cargado de cinismo. Sí, contiene algunos momentos muy puntuales de humor, pero en ningún momento consiguen empañar la oscuridad del relato.

Love no se sostendría sin Paul Rust (protagonista, co-creador y guionista de la serie) y Gillian Jacobs (interpretando a una versión muy jodida de su Britta en Community). Los dos se meten aquí en la piel de los dos seres más tóxicos, irritantes y desagradables que os podríais echar a la cara. Y el problema, o la virtud según se mire, es que lo hacen demasiado bien. 




Por mucho que te guste la serie, resulta inevitable querer romperles una botella de vidrio en la cabeza a los dos. No es que cueste empatizar con ellos, más bien al contrario: cuando nos vemos reflejados en sus comportamientos —y creedme, os va a pasar más de una vez— nos sentimos casi tan miserables como ellos. Y cómodo de ver no es.

Algunos personajes secundarios equilibran un poco la balanza, pero la mayoría sólo están ahí para avivar aún más el fuego y ser casi tan ahostiables como la pareja protagonista. Al igual que con ellos, no es que estén mal construidos ni que sean planos, es que sencillamente es imposible que nos caigan bien. Ni siquiera parecen estar diseñados con el objetivo de que disfrutes odiándolos, como en muchas otras series, sino que el propósito es que su presencia resulte desagradable e incómoda.

Llegados a este punto creo que ya no hará falta que os diga que si buscáis una serie ligerita para pasar el rato, ésta no es la mejor opción a escoger. Pero si queréis una propuesta realista —todo lo realista que pueda ser una producción de Judd Apatow—, excelentemente escrita y que defina a la perfección cómo funcionan las relaciones de mierda entre personas terribles, aquí tenéis de eso para dar y tomar. 

Por mi parte, estoy deseando consumir su ya confirmada segunda tanda de episodios, pero por suerte será después de unos cuantos meses y me habré tomado un más que merecido descanso que mi corazón agradecerá.



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