Santa Clarita Diet [T1]


Repugnantemente adorable


Los zombies han proliferado incansablemente por la ficción de todas las formas posibles: terror, comedia, drama, ciencia ficción, cintas de bajo presupuesto, superproducciones multimillonarias, cómics, series de televisión, videojuegos... Resulta muy complicado aportar algo nuevo y original, pero hay que reconocer que Santa Clarita Diet lo intenta por todos los medios. Y se podría decir que lo consigue. Al menos si no pensamos mucho en la existencia de iZombie, claro.

No obstante, donde marca la diferencia la nueva serie original de Netflix no es tanto en su premisa como en su desarrollo. Y es que posiblemente estemos ante una de las obras audiovisuales más extrañamente adorables que se han rodado jamás.

Algo que choca durante los primeros episodios de Santa Clarita Diet es el enorme contraste entre lo repugnante y gráfico de ciertas escenas con el tono abiertamente cuqui y cotidiano en que se nos presentan. La serie va de menos a más en cuanto a morbidez, pero la hilaridad se mantiene a flote gracias a las sonrisas forzadas, las falsas apariencias y la normalidad aparente que intentan transmitir sus personajes. Nunca el humor negro había parecido tan blanco.




Gran parte de la culpa de este fenómeno la tiene su reparto encabezado por una Drew Barrymore en estado de gracia y un fascinante Timothy Olyphant que no puede evitar comerse la pantalla e incitar al espectador a la risa floja con su mera presencia. Ambos forman una pareja achuchable, desprenden una gran química en pantalla y resultan especialmente hilarantes en sus sórdidas desventuras. 

Esto es importante porque con el paso de los episodios las situaciones se vuelven cada vez más oscuras y bizarras, por lo que sería muy fácil que se ganaran nuestra antipatía, pero al final es el enorme amor y cariño que sienten el uno por el otro lo que en cierto modo les redime de ser unas personas horribles y lo que hace que nos pongamos siempre a su favor por muy moralmente cuestionables que sean sus acciones.

Hay que agradecer a los guionistas también el esfuerzo por no tomar nunca el camino fácil. Contrariamente a lo que pueda parecer en un principio por la cotidianidad aparente que transmite la serie, los giros que toma la historia quizá no sean siempre los que estemos esperando. No es que sea el paradigma de lo imprevisible, pero por lo menos no adivinamos exactamente lo que va a ocurrir al final de cada escena, lo cual es un alivio. Además, los cliffhangers al final de cada capítulo son muy efectivos y nos incitan a seguir maratoneando a costa de nuestra propia salud mental.


El único punto débil de la serie y que por desgracia la lastra muchísimo más de lo que debería reside en las tramas secundarias encabezadas por Liv Hewson en el papel de hija adolescente rebelde y Skyler Gisondo en el de friki pagafantas de turno que tiene un evidente crush con ella. 

En el caso de ella me inclino a pensar que está directamente desaprovechada, pues sí que consigue brillar en las escenas que comparte con sus padres. En el de él, aparte de ser un claro error de casting (Skyler Gisondo no parece un nerd pajillero, es demasiado guapo para dar el pego, podría formar parte de una boy band y no desentonaría como fichaje en la tercera temporada de Scream: The TV Series) más bien parece una excusa para introducir ciertos chistes y chascarrillos que incluso los infames guionistas de The Big Bang Theory descartarían por estar demasiado sobados. 

Puede parece un error menor, pero lo cierto es que ocupan demasiado tiempo en pantalla y se cargan gran parte del ritmo de los episodios. Por suerte sí que ayudan a darle cierta vidilla al asunto el resto de secundarios, destacando el enorme juego que dan en la trama los dos policías, el director del instituto o la aparición de ciertas estrellas invitadas que prefiero no destripar. 

Con todo, Santa Clarita Diet es una de esas series que querría que me gustasen mucho más de lo que realmente lo hacen. El potencial está ahí, desde luego, y mentiría si dijese que no me muero de ganas de volver a ver a estos personajes en una segunda temporada. Ojalá aprovechen para pulir los errores de ésta y vuelvan por todo lo alto. Pero, de momento, con todo lo ofrecido en esta escasa (aunque de fácil digestión) primera tanda de episodios, sigue siendo una opción divertida y más que recomendable.




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